Pétalos a la Verge
Reflexión en la madrugada del 21 de junio.


Sí, llegó a Alboraya, La Peregrina, en el anochecer de un viernes donde todas las fuerzas vivas del pueblo la agasajaron con todo tipo de honores, pero era el pueblo, los seguidores, los devotos auténticos que querían estar cerca de la Madre y fueron ellos los que inmediatamente la tomaron en volandas y comenzaron a enseñarle con amor fraterno de hijos agradecidos, nuestro pueblo alborayense. Patacona, Saplaya y después la Alboraya histórica, fueron los escenarios por los que paseó en volandas nuestra Verge y mientras esto ocurría, en la casa de este sencillo valenciano, los sentimientos se agolpaban encontrados . . . .
- ¡ Nos vamos a dormir, tardara mucho ! - decían unos
- Nos quedamos, que no queda nada - decían otros.

- ¡ Ya está ahí ! - gritaban unos.
- ¡ Que guapa está ! - decían otros.
- Es una Señora - decían los de más allá.

Y llegó hasta nuestro balcón. Diez segundos fueron los que tardó, lamentablemente en pasar, pero cuánto le dije y cuánto me dijo en esos diez segundos, una oración mezclada con pétalos de olorosas rosas escogidas amorosamente para la Señora de Valencia al paso de nuestra casa, la de Pepe el de Masianet, fueron suficientes para entender la grandeza de esta advocación mariana. Con humildad y sencillez le dimos en apenas unos segundos todo lo que teníamos en nuestro ser mi madre, mi cuñada y quien escribe estas líneas. Amor de hijos agradecidos a la madre que nunca nos falla. Amor de hijos agradecidos a la madre que siempre escucha. Amor de hijos agradecidos a la madre que siempre tiene una palabra de consuelo. Amor de hijos agradecidos a los que la espera con tal de ver esa espectacular cara de ángel que tiene la Virgen tan de cerca, bien valía la vigilia de una noche sabatina, cuando el cuerpo te pide descanso pero el sentimiento y la devoción te empujan a aguantar lo que haga falta.

Desconozco el sentimiento del resto de alborayenses con la presencia de La Peregrina en Alboraya, pero su paso por mi balcón, tan de cerca, en la que se le pudo apreciar esa sonrisa tan elegante y viva que posee para con todos nosotros, bien valía compartir esa humilde reflexión con aquel que la quiera leer. No soy quien para recomendar nada, y menos en cuestiones tan personales como la Fe y la Devoción a una u otra advocación, ya sean del Cristo o de la Virgen, pero créanme que esta de la Mare del Desemparats es, de todas las de España una de las que más fuerza personal y espiritual
irradia, cuando tienes la fortuna de quedarte frente a ella recogido en el diálogo íntimo que todo hijo entabla con su madre ya sea en su Basílica o en cualquier Altar de la Parroquia más humilde de Valencia o bien a su paso ( como es el caso ) por el balcón de mi casa. Gracias, a los que han hecho posible, seguidores de la Virgen, que algunos alborayenses hayamos podido tener experiencias tan íntimas y creo que, bonitas, con esta visita de la Virgen Peregrina a nuestra tierra de Alboraya.

Alfonso Sanfelíu Frechina
( Periodista ).